jueves, 22 de marzo de 2018

Las anfetaminas

Trastornos Adictivos 2008;10:166-74 - DOI: 10.1016/S1575-0973(08)76363-3
Las anfetaminas
P. Robledoa
a Universidad Pompeu Fabra e IMIM. Barcelona. Espa??a.
Resumen
Objetivo. Las anfetaminas son aminas simpatomiméticas de fórmula química estructural semejante a la adrenalina. Las más utilizadas, de donde derivan las más modernas drogas de este grupo, son el sulfato de d-anfetamina (dexedrina) y el sulfato de anfetamina racémica (benzedrina). Material y métodos. Se revisa la neurobiología, acciones farmacológicas, toxicidad e indicaciones de la anfetaminas. Resultados. Producen estimulación del sistema nervioso simpático con incremento del diámetro pupilar (midriasis), sequedad de boca, sudoración, temblor, tensión mandibular (trismo), movimientos masticatorios o rechinar de dientes (bruxismo) y un ligero incremento de la temperatura corporal. Aumentan la presión arterial y la frecuencia cardíaca (palpitaciones o taquicardia). Son sustancias liposolubles que pasan bien las membranas celulares y atraviesan la barrera hematoencefálica y la placenta. A nivel del sistema nervioso central producen sensación de alerta, estimulación, mejoría del rendimiento intelectual y de la ejecución de tareas manuales, sensación de energía, disminución del cansancio, del sueño y del hambre. Tienen un gran potencial de abuso y pueden causar dependencia. La acción de las anfetaminas involucra a varios neurotransmisores como son la dopamina, la serotonina, la adrenalina y la noradrenalina. Su acción consiste principalmente en aumentar los niveles sinápticos de monoaminas por varios mecanismos, incluyendo el intercambio por difusión a través de los transportadores de membrana, la perturbación del transportador vesicular de monoaminas, inhibición de la monoamino oxidasa (MAO) y promoción de la síntesis de neurotransmisor. El consumo repetido de anfetaminas se asocia a la aparición de fenómenos de tolerancia, sensibilización y dependencia. En seres humanos, la administración repetida de anfetaminas puede producir perturbaciones persistentes a nivel cognitivo y emocional y pueden aparecer cuadros psicóticos aun después de la retirada de la droga. El uso repetido de metanfetamina puede producir neurotoxicidad evidenciada por alteraciones persistentes a nivel neuroquímico y neuronal incluyendo lesiones en los axones y terminaciones que contienen monoaminas. Conclusiones. Las indicaciones terapéuticas actuales de las anfetaminas son muy reducidas. No se recomiendan para reducir el hambre en el tratamiento de la obesidad. Las dos únicas indicaciones para su uso son el tratamiento de la narcolepsia y del déficit de atención infantil. En estos niños la sustancia más utilizada es el metilfenidato.
Palabras clave
metanfetamina, neurotoxicidad, tolerancia, sensibilización, dependencia, refuerzo
Origen de la anfetamina
La anfetamina fue sintetizada por primera vez en 1887 por L. Edelano. En 1920, Gordon Alles descubrió que el compuesto original, el sulfato de anfetamina y su dextroisómero, aún más activo, el sulfato dextroanfetamínico, poseían la capacidad de estimular el sistema nervioso central (SNC). En 1931 comenzaron a estudiarla en laboratorios farmacéuticos de los Estados Unidos y cinco años después, durante la Ley Seca, Smith Kline & French, la empresa farmacéutica que adquirió las patentes de Alles, la introdujo en la práctica médica bajo el nombre comercial de Benzedrina® (bennies para los asiduos). Casi enseguida salió al mercado su isómero más activo, la dextroanfetamina comercializada como Dexedrina®(dexies). Después de su inclusión en las listas de sustancias controladas, ambos tipos de anfetamina aparecieron en el mercado negro norteamericano bajo apelativos relacionados con sus efectos subjetivos tales como speed (velocidad) y uppers (activadores).
Estructura y clasificación
Las anfetaminas son aminas simpatomiméticas, de fórmula química estructural semejante a la adrenalina (fig. 1). Las dos anfetaminas más utilizadas, de donde derivan las más modernas drogas de este grupo son: el sulfato de d-anfetamina o d-fenil-isopropilamina (dexedrina), que corresponde al isómero dextrógiro de esta sustancia, y el sulfato de anfetamina racémica (benzedrina) (fig. 2). El compuesto dextrógiro (dexedrina o d-benzedrina) es dos veces más activo que el compuesto racémico (benzedrina) y cuatro veces más activo que el levógiro. Desde el punto de vista farmacológico, a medida que un compuesto de estructura química semejante a la adrenalina se va apartando de ella para aproximarse a las anfetaminas, éste va aumentando su actividad estimulante del SNC y disminuyendo su actividad sobre la periferia del organismo (sistema neurovegetativo).

Figura 1. Estructura química de la adrenalina.

Figura 2. Estructura química de la dl-anfetamina.
Entre los preparados psicoestimulantes anfetamínicos más utilizados destacan la anfetamina, fentermina, clorfentermina y metanfetamina (fig. 3), este último de gran importancia, pues es la base del grupo de MDMA (3,4-metilenodioximetanfetamina; éxtasis). También han ido surgiendo una serie de compuestos que pertenecen al grupo de aminas heterocíclicas no anfetamínicas, obtenidos a partir del ácido piperdinacético, como el metilfenidato y el pripadol. Otras aminas heterocíclicas son el facetoterano y la fenmentracina. Estos fármacos son relativamente recientes, aunque la planta de la que procede la efedrina (Catha edulis) ya había sido utilizada desde la antigüedad en el tratamiento del asma. A partir de los años sesenta la publicidad pone de nuevo en auge el consumo de anfetaminas debido a sus propiedades inhibidoras del apetito (anorexígenas).

Figura 3. Estructura química de la anfetamina y algunos derivados.
Mecanismos de acción
Las anfetaminas tienen un mecanismo de acción que involucra a varios neurotransmisores como son la dopamina, la serotonina, la adrenalina y la noradrenalina.
Incremento de la liberación de dopamina
El aumento de la concentración del neurotransmisor en el espacio sináptico se produce tanto por bloqueo de la recaptación, en un mecanismo similar al de la cocaína pero con un punto de fijación diferente, como por aumento de la liberación, ya que la d-anfetamina puede penetrar en la neurona y desplazar a la dopamina de sus depósitos citoplasmáticos no granulares (fig. 4), con la consiguiente depleción del neurotransmisor1,2.

Figura 4. Esquema del mecanismo de acción de las anfetaminas sobre los sistemas de neurotransmisión dopaminérgico y noradrenérgico. DA: dopamina; NA: noradrenalina.
Este aumento de dopamina en las áreas del hipotálamo lateral regula de forma dosis-dependiente la sensación de apetito. Mientras que los niveles elevados de dopamina en las vías nigroestriatales y mesocorticolímbicas (fig. 5) han sido implicados en las propiedades psicoestimulantes y gratificantes de la anfetamina.

Figura 5. Esquema de la vía dopaminérgica mesocorticolímbica. ATV: área tegmental ventral.
Inhibición en la recaptación de serotonina
La anfetamina aumenta las concentraciones extracelulares de serotonina3 por desplazamiento del neurotransmisor de su transportador presináptico específico. Cuando la anfetamina se une a los transportadores de serotonina, por una parte evita que ésta pueda entrar en el terminal y por otra invierte el mecanismo de recaptura de modo tal que la serotonina sale al espacio sináptico. Este mecanismo parece más selectivo para fármacos como la fenfluramina y la dexfenfluramina, los cuales también liberan serotonina de sus depósitos intracelulares y son capaces de activar receptores 5-HT1. El aumento de serotonina también interviene en el efecto anorexígeno producido por las anfetaminas.
Aumento de la liberación de noradrenalina
Las anfetaminas facilitan la liberación de noradrenalina al ser transportadas hasta las terminaciones nerviosas por el mecanismo de recaptación (fig. 4). Una vez en las terminaciones nerviosas son captadas por el transportador vesicular a cambio de noradrenalina, que se escapa al citosol. Sólo actúan débilmente sobre los receptores adrenérgicos. Dicho mecanismo explicaría en parte los efectos centrales de las anfetaminas, como incremento de la actividad motora, la disminución del cansancio y los efectos periféricos que acompañan a estos fármacos, como son taquicardia, sudoración y dificultad en la micción.
Perturbación del transportador vesicular de monoaminas
El transportador vesicular de monoaminas (VMAT2) se localiza principalmente en el SNC y es el responsable del transporte de las monoaminas presentes en el citoplasma hacia las vesículas de almacenamiento. Las anfetaminas pueden interrumpir el gradiente de protones existente en las membranas de estas vesículas sinápticas y así también su funcionamiento. De esta forma invierten el flujo de estos transportadores produciendo un aumento de las concentraciones citoplasmáticas de noradrenalina, dopamina y serotonina. Puesto que el VMAT2 puede ejercer un papel revelante en la estimulación locomotriz y en las propiedades reforzantes producidas por las anfetaminas, sería una diana para el desarrollo de estrategias terapéuticas para los procesos adictivos relacionados con el uso de psicoestimulantes4.
Efectos farmacológicos de las anfetaminas
A nivel periférico
Las anfetaminas producen vasoconstricción periférica y, como resultado, un aumento de la presión arterial tanto sistólica como diastólica. Incrementa la frecuencia cardíaca por acción beta adrenérgica, aunque también puede disminuir por vía refleja. A nivel del músculo liso contrae el músculo radial del iris dando lugar a una midriasis y a un aumento de la presión intraocular. El peristaltismo se ve disminuido, así como las secreciones. Relaja la musculatura bronquial por una acción beta adrenérgica. Contrae el esfínter de la vejiga, dificultando de esta manera la micción.
A nivel del sistema nervioso central
Las anfetaminas producen sensación de alerta, estimulación, mejoría del rendimiento intelectual y de la ejecución de tareas manuales, sensación de energía, disminución del cansancio, del sueño y del hambre. Tienen un gran potencial de abuso y pueden causar dependencia. En animales de experimentación las anfetaminas producen un aumento dosis-dependiente de la actividad locomotora, y a altas dosis producen estereotipias. Se ha sugerido que en seres humanos los atracones podrían ser una manifestación de las conductas estereotipadas de los animales.
Tolerancia
Tanto los efectos subjetivos como los objetivos sufren el fenómeno de tolerancia tras el consumo repetido de las anfetaminas y sus derivados, de modo que se requiere mayor dosis para conseguir el mismo efecto.
Esta tolerancia se puede instaurar de forma crónica o aguda (taquifilaxia). El mecanismo propuesto para la tolerancia o desensibilización consiste en una fosforilación del receptor que induce un desacoplamiento entre la proteína G y el receptor propiamente dicho5. Tanto la tolerancia crónica como la aguda son responsables, en parte, del abuso que se tiende a hacer de los derivados anfetamínicos, por la búsqueda de los efectos estimulantes. La taquifilaxia por su parte puede dar lugar a una sobredosis, poniendo en peligro la vida del consumidor. La tolerancia cruzada entre los agentes simpaticomiméticos tipo anfetamina se ha observado clínicamente, y la tolerancia cruzada entre el efecto anoréxico de la cocaína y de la anfetamina se ha demostrado en ratas. Además, se ha descrito una tolerancia inversa o sensibilización, característica del consumo de derivados anfetamínicos y que se manifiesta como un estado de sobredosis tras la ingesta de las dosis habituales.
Sensibilización
La sensibilización conductual se refiere al incremento de la respuesta a la anfetamina tras su administración repetida. El área tegmental ventral (ATV) ha sido implicada en la inducción de la sensibilización conductual producida por las anfetaminas6. La expresión de la sensibilización se debe, supuestamente, a una desensibilización de los receptores dopaminérgicos D2 presinápticos, los cuales modulan negativamente la liberación de dopamina en algunas áreas cerebrales como el núcleo accumbens. Así, la administración de la droga supondrá un incremento mayor en la dopamina sináptica, con el consiguiente aumento en la intensidad del efecto. La sensibilización puede ser duradera y parece que se instaura más rápidamente cuando la droga se administra de forma intermitente. Recientemente se ha descrito otro mecanismo que intenta explicar la sensibilización. Así, las anfetaminas (d-anfetamina y fenfluramina) son capaces de utilizar el transportador presináptico para la serotonina desplazándola, y de esta manera impedir la fosforilación que conduce a una distribución intracelular del mismo, e incrementar el número de transportadores disponibles en la membrana para posteriores dosis de fármaco. Esta redistribución de las proteínas recaptadoras en la membrana puede representar algunos de los cambios moleculares implicados en la sensibilización a los efectos estimulantes. Este fenómeno se considera responsable de los estados psicóticos que en ocasiones acompañan al consumo de estas drogas.
Dependencia
Inicialmente las anfetaminas se consumen en dosis única y producen euforia y refuerzo (fase de inicio) debido fundamentalmente a su capacidad para liberar dopamina en los terminales dopaminérgicos de la vía mesocorticolímbica (núcleo accumbens y corteza prefrontal). Cuando aumenta el consumo (fase de consolidación), aparece la tolerancia que puede superarse con aumentos de las dosis o cambiando la vía de administración. En esta etapa se inicia la depleción de dopamina. La tolerancia se va incrementando y se inicia el consumo en forma de atracones (binges) para poder mantener la euforia. El atracón dura unas 12-48 horas y termina con el agotamiento del sujeto, que precisa varios días para recuperarse. En esta fase los niveles de dopamina están muy disminuidos y posiblemente existe alteración neuronal.
Los criterios generales de abuso (consumo menos frecuente que el de la dependencia) del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders IV (DSM-IV) son válidos para las anfetaminas y las drogas de síntesis. Se observa un incumplimiento de las obligaciones, consumo en situaciones de riesgo y pueden tener problemas legales, sociales e interpersonales por este consumo y sus consecuencias.
También son aplicables para las anfetaminas los criterios generales de dependencia del DSM-IV. La dependencia de anfetaminas se acompaña de tolerancia intensa, abstinencia y abandono de actividades habituales. Aparece una necesidad irresistible de consumo (craving). Es frecuente la aparición de cuadros psicóticos con el consumo. El cese brusco del consumo crónico de anfetaminas se caracteriza por la aparición de un síndrome de abstinencia con distintas fases. La inicial (crash) comienza a las pocas horas y dura hasta los 9 días. Aparece disforia, depresión, anergia, agitación, ansiedad, insomnio, hipersomnolencia, hiperfagia y un intenso deseo de consumir. La fase intermedia o de abstinencia aparece entre 1 y 10 semanas. Al principio se manifiesta con fatiga, falta de energía, anhedonia y depresión. El deseo de consumo va decreciendo y si no existe recaída van mejorando progresivamente los síntomas depresivos. En la tercera fase, que es indefinida, pueden aparecer intensos episodios de craving relacionados habitualmente con señales condicionadas y que pueden hacer recaer al paciente. En sujetos que han consumido grandes dosis puede aparecer ideación suicida. Un cuadro similar se ha descrito para la cocaína. No existe un tratamiento farmacológico específico para la dependencia de anfetaminas. Como parece que podría existir una disminución de dopamina durante la abstinencia se han utilizado desde agonistas dopaminérgicos a antidepresivos. Los resultados con psicofármacos son desalentadores. La psicoterapia puede resultar de utilidad. Los trastornos inducidos por anfetaminas se tratan de forma sintomática, los antipsicóticos para las manifestaciones psicóticas y los ansiolíticos para la ansiedad y la crisis de angustia o trastorno de angustia. Los efectos farmacológicos de la metanfetamina han sido revisados recientemente7.
Neurotoxicidad de la metanfetamina
La neurotoxicidad inducida por sustancias se define como un cambio estructural o funcional nocivo en el SNC. Así, la neurotoxicidad producida por las anfetaminas normalmente se refiere a alteraciones persistentes a nivel neuroquímico y neuronal, incluyendo lesiones en los axones y terminaciones que contienen monoaminas. En ratas y monos la administración de metanfetamina produce una disminución de dopamina y de sus metabolitos8. En ratas la metanfetamina también reduce los niveles de serotonina, los lugares de recaptación de la dopamina y de la serotonina, reduce la actividad de enzimas implicadas en la síntesis del neurotransmisor (tirosina hidroxilasa y/o triptófano hidroxilasa) y produce alteraciones morfológicas en las neuronas9. Los cambios estructurales en las neuronas se observan en los axones, e incluyen la aparición de varicosidades y una disminución y empobrecimiento de los mismos. Los factores que influyen en el desarrollo de la neurotoxicidad a la metanfetamina incluyen las dosis utilizadas, el número de exposiciones a la droga, el intervalo entre dosis y la cantidad de tiempo que las neuronas están expuestas a la droga. Aunque los datos en seres humanos son muy limitados, algunos estudios indican que la metanfetamina en el hombre puede producir neurotoxicidad dopaminérgica persistente asociada a cambios funcionales, pero también se ha observado cierta regeneración de las neuronas afectadas transcurridos varios meses después del cese de toma de la droga10.
Estudios neurobiológicos en animales de laboratorio
Efectos sobre la actividad locomotora
Las anfetaminas producen estimulación central11, término que se utiliza para designar sus efectos sobre la actividad locomotora de los animales y sobre el sueño y la actividad electroencefalográfica. Inicialmente, la anfetamina induce un estado de alerta acompañado por un aumento de la conducta exploradora, acicalamiento, locomoción vertical y horizontal, seguido de una disminución de estas actividades a favor de conductas estereotipadas (dosis respuesta en forma de U invertida). Los estudios neuroanatómicos muestran que el aumento en la actividad locomotora producido por las anfetaminas depende del sistema dopaminérgico nigroestriatal y mesolímbico. Además, la liberación central de noradrenalina puede ser importante en la hiperlocomoción. Por otra parte, las estereotipias parecen estar mediadas por la liberación de dopamina recién sintetizada en las vías dopaminérgicas nigroestriatal y mesolímbica, y son reguladas por un balance entre el sistema dopaminérgico y colinérgico.
Efectos sobre la conducta agresiva
Los efectos de la anfetamina sobre la conducta agresiva en animales son complejos y dependen de la dosis administrada y del paradigma experimental utilizado. También es importante el papel que desempeñan en estos efectos los factores ambientales y los determinantes genéticos. Tanto en animales como en seres humanos las anfetaminas pueden producir episodios de agresividad extrema como también un aislamiento de todo intercambio social. Los mecanismos neurobiológicos implicados en los múltiples efectos de la anfetamina sobre la conducta agresiva han sido relacionados con aquéllos relevantes a sus propiedades psicoestimulantes. Uno de los paradigmas que se utiliza para estudiar los efectos de estas sustancias en la conducta agresiva es la prueba del intruso. En esta prueba se producen confrontaciones entre un animal residente y un intruso y se examinan conductas de validez biológica como son la sumisión, la conducta defensiva, el ataque y la huida. Así, se ha demostrado que la anfetamina aumenta la conducta defensiva y de huida en varias condiciones experimentales y en diferentes especies animales, y este efecto no parece ser mediado por el sistema dopaminérgico central. Sin embargo, los antagonistas dopaminérgicos sí revierten los efectos potenciadores de una conducta agresiva producida por la administración aguda de anfetamina en dosis bajas12.
Efectos sobre el aprendizaje
La mayoría de los estudios en animales sugieren que la anfetamina no perturba el aprendizaje, y en algunas condiciones puede hasta mejorarlo. Sin embargo, existen también datos que muestran efectos deletéreos13. Lo que sí está bien establecido es que la adquisición de un aprendizaje bajo el efecto de la anfetamina se recuerda mejor si se administra anfetamina en lugar de salino el día de la prueba. Además, durante la retirada de la anfetamina aparecen perturbaciones de la conducta aprendida bajo los efectos de la anfetamina. Así, se ha demostrado que el estado interno que produce la anfetamina en el animal influye en el aprendizaje de las tareas aprendidas bajo esta droga (state-dependent learning). Este estado interno sirve como un estímulo discriminativo. Estudios neurofarmacológicos muestran que el estado inducido por la anfetamina está mediado por el sistema de neurotransmisión dopaminérgico a nivel de la vía mesolímbica. Un hecho importante es que las propiedades discriminativas de la anfetamina no han sido asociadas a sus efectos psicoestimulantes14.
Efectos reforzadores positivos
Para evaluar los efectos «recompensantes» de la anfetamina se ha utilizado la técnica de autoestimulación intracerebral. Ésta se basa en el hecho de que una estimulación eléctrica en ciertas áreas cerebrales produce una sensación placentera. Una propiedad común que tienen las drogas de abuso es la de facilitar la estimulación eléctrica de dichos centros debido a sus propiedades euforizantes. La anfetamina produce un aumento de la autoestimulación intracraneal y una disminución del umbral de corriente necesario para mantener esta conducta15. El mecanismo neuroquímico implicado en este efecto parece ser una interacción entre la liberación central de dopamina y noradrenalina16. Por otro lado, muchos de los estudios que evalúan el potencial adictivo de las drogas se basan en la estimación de sus propiedades reforzantes, ya que son éstas las que fundamentalmente contribuyen a su búsqueda compulsiva y a su abuso. Así, el potencial reforzante de una droga, determinado mediante el paradigma de autoadministración intravenosa de drogas en animales, es el más claro indicador de su potencial adictivo en seres humanos. En este sentido, se ha demostrado que la anfetamina induce la conducta de autoadministración en ratas17 y monos18. La anfetamina parece ejercer sus propiedades reforzantes por medio de su acción sobre las neuronas dopaminérgicas mesolímbicas. Así, la administración periférica de anfetamina aumenta los niveles extracelulares de dopamina en el núcleo accumbens de ratas2 y la destrucción de los terminales dopaminérgicos en el núcleo accumbens bloquea la autoadministración de anfetamina. Existen diversos estudios que muestran que los tratamientos con anfetaminas que producen sensibilización de las neuronas dopaminérgicas mesolímbicas aumentan la conducta de búsqueda y autoadministración de psicoestimulantes19. También se ha mostrado que la estimulación de los receptores ácido gamma aminobutírico B (GABAB) por medio de la administración periférica de baclofén reduce la autoadministración de anfetamina y las concentraciones extracelulares de dopamina en el núcleo accumbens de la rata20.
Efectos en el ser humano
Efectos subjetivos
La administración de las principales anfetaminas en el hombre produce efectos estimulantes, con sensación de bienestar, euforia, energía, reducción del cansancio y del sueño, sensación de alerta, mejoría del rendimiento intelectual y psicomotor y disminución del hambre. Los efectos se inician una hora después de su administración, son máximos entre 1-3 horas y pueden persistir hasta 8-12 horas21. Al desaparecer los efectos agradables puede existir una sensación de bajón (crash), con disforia, cansancio, depresión, decaimiento, irritabilidad, insomnio o somnolencia. Estos bajones son más intensos si el consumo de anfetaminas ha sido alto o se ha consumido de forma repetida. Es frecuente que se consuman de forma compulsiva (atracón) durante uno o dos días, hecho que deja al individuo en un estado de agotamiento físico y mental (bajón). Éste puede tardar varios días en recuperarse hasta comenzar otro atracón.
Farmacocinética
La anfetamina se absorbe rápidamente después de su ingestión oral. Los niveles más altos en plasma se producen de 1 a 3 horas, dependiendo de la actividad física y de la cantidad de comida que se encuentre en el estómago. Su completa absorción se produce normalmente a las 4 o 6 horas de ser ingerida. Las anfetaminas se concentran en el riñón, los pulmones, el líquido cefalorraquídeo y el cerebro. Son sustancias altamente lipofílicas que cruzan fácilmente la barrera hematoencefálica. El volumen de distribución normal es de 5 l/kg de peso corporal. En condiciones normales, aproximadamente el 30% de la anfetamina es excretada en la orina sin metabolizarse. Sin embargo, esta excreción varia dependiendo del pH de la orina. Si ésta presenta un pH ácido (pH 5,5-6,0), la eliminación es predominantemente por excreción urinaria y casi el 60% de la dosis excretada no es modificada por el riñón. Si el pH es alcalino (pH 7,5-8,0) la eliminación es predominantemente por deaminación y menos del 7% es excretada sin cambios. La vida media oscila ente 16 y 31 horas. La principal vía metabólica de la anfetamina implica su deaminación por el citocroma P450 para formar la para-hidroxianfetamina y la fenilacetona. Este último compuesto se oxida a ácido benzoico y es excretado conjugado con ácido glucurónico o glicina. Pequeñas cantidades de anfetamina son convertidas a norepinefrina por oxidación. La hidroxilación produce un metabolito activo, el O-hidroxinorepinefrina, el cual actúa como un pseudotransmisor y puede mediar algunos efectos de la droga, especialmente en consumidores crónicos.
Interacciones con otros fármacos
Acetazolamida: puede aumentar las concentraciones plasmáticas de anfetamina.
Alcohol: puede aumentar las concentraciones plasmáticas de anfetamina.
Ácido ascórbico: al disminuir el pH urinario puede incrementar la excreción de anfetamina.
Furazolidona: las anfetaminas pueden inducir una respuesta de hipertensión en los pacientes tratados con furazolidone.
Guanetidina: las anfetaminas inhiben la respuesta antihipertensiva de la guanetidina.
Haloperidol: existe evidencia limitada indicando que el haloperidol puede inhibir los efectos de la anfetamina. Sin embargo, la importancia clínica de esta interacción no está bien establecida.
Carbonato de litio: existe algún caso aislado indicando que esta sustancia puede inhibir los efectos de la anfetamina.
Monoamino oxidasa (MAO): las anfetaminas provocan una reacción de hipertensión en pacientes tratados con inhibidores de la MAO.
Noradrenalina: el abuso de la anfetamina puede aumentar la reacción vasoconstrictora de la noradrenalina.
Fenotiazinas: la anfetamina puede inhibir el efecto antipsicótico de estas sustancias y las fenotiazinas pueden inhibir el efecto anoréctico de la anfetamina.
Bicarbonato de sodio: altas dosis de esta sustancia inhiben la eliminación de anfetamina, aumentando así sus efectos.
Consumo de tabaco: la anfetamina parece inducir un aumento dosis-dependiente del consumo de tabaco.
Antidepresores tricíclicos: teóricamente aumentan el efecto de la anfetamina. Sin embargo, no existe evidencia clínica de este hecho.
Efectos adversos en el ser humano
Los efectos indeseables son en parte consecuencia de los efectos farmacológicos. Éstos pueden aparecer en cualquier momento, hasta el punto de que dosis bien toleradas un día pueden no serlo otro día, y provocar efectos indeseables. Debe tenerse en cuenta que muchos consumidores toman en una misma noche varias pastillas junto a otras sustancias. En ocasiones es difícil discernir la causa de la toxicidad. Básicamente los efectos indeseables pueden observarse en dos niveles:

1. A nivel cardiovascular. Pueden causar hipertensión arterial, taquicardia, arritmias graves, isquemia miocárdica (angina) e infarto agudo de miocardio. Se asocian con un aumento de la incidencia de hipertensión pulmonar. Puede observarse dolor de cabeza, temblor, tensión muscular y mandibular, vértigo, ataxia, distonías, convulsiones y coma. Se han descrito casos de hepatitis tóxica grave con necrosis hepática, que puede obligar a un trasplante de hígado. A nivel digestivo pueden aparecer náuseas y vómitos, íleo paralítico e isquemia intestinal. Entre los efectos potencialmente mortales destacan la hemorragia subaracnoidea, la hemorragia intracraneal, el infarto cerebral y la trombosis del seno venoso cerebral.

2. A nivel psicológico. Puede aparecer disforia, insomnio, irritabilidad, agitación, hostilidad y confusión. Con las anfetaminas es frecuenten la aparición de agresividad, que se traduce en conductas de violencia y de riesgo. Los trastornos psiquiátricos incluyen ansiedad, crisis de angustia, ideas delirantes o de referencia de tipo paranoide y alucinaciones.
Uso terapéutico
Las indicaciones terapéuticas actuales de las anfetaminas son muy reducidas.
No se recomiendan para disminuir el hambre en el tratamiento de la obesidad. Las dos únicas indicaciones para su uso son el tratamiento de la narcolepsia y del déficit de atención infantil. En estos niños la sustancia más utilizada es el metilfenidato.
Agradecimientos
El trabajo de investigación está financiado por el Ministerio del Interior mediante el Plan Nacional Sobre Drogas, por el Instituto de Salud Carlos III (FIS 070709) y mediante la Red de Trastornos Adictivos RD 06/001/001.
La autora declara que no existe conflicto de interés.

Rabdomiólisis severa tras una agresión fisica y agravada por anfetaminas

Rabdomiólisis severa tras una agresión física y agravada por anfetaminas
Rhabdomyolysis after physical aggression and aggravated by amphetamines
Manuel Heras, Ramiro Callejas, María Astrid Rodríguez, Álvaro Molina, María José Fernández-Reyes
Servicio de Nefrología, Hospital General de Segovia, Segovia, España
Recibido 03 julio 2015, Aceptado 18 diciembre 2015
Resumen
Describimos el caso de un varón joven, con un fracaso renal agudo anúrico severo e hiperpotasemia tóxica, relacionados con una rabdomiólisis tras una agresión física y que había pasado desapercibida en 2 visitas previas a Urgencias y, posteriormente, agravada por consumo de anfetaminas. Este caso ilustra la necesidad de considerar la posibilidad de una rabdomiólisis ante paciente con cualquier grado de daño muscularntroducción
La rabdomiólisis es una condición caracterizada por la necrosis de los músculos y la liberación de los componentes intracelulares del músculo a la circulación sistémica1. Es una condición común con diversas causas que se resumen en la tabla 12. Sus manifestaciones clínicas son variadas: desde elevaciones asintomáticas de enzimas musculares hasta complicaciones que amenazan la vida3. Describimos el caso de un varón joven, con complicaciones severas asociadas a una rabdomiólisis extrema por una agresión física, la cual podría haber pasado desapercibida los días después de la agresión, y agravada por el consumo de tóxicos (anfetaminas).
Tabla 1.
Principales causas de rabdomiólisis
Adquiridas Genéticas 
Trauma Deficiencias de enzimas glucogenolíticas:
-Enfermedad de Mc Ardle
-Enfermedad Tarui
- Déficit de lactato deshidrogenasa
Alteraciones en el metabolismo lipídico:
-Déficit de carnitina
Otros trastornos genéticos:
-Hipertermia maligna
-Distrofia muscular de Duchenne
 
Ejercicio físico intenso  
Inmovilización prolongada  
Infecciones  
Fármacos  
Drogas  
Isquemia muscular  
Temperaturas extremas  
Alteraciones electrolíticas y endocrinas  
Enfermedades del tejido conectivo  
Caso clínico
Varón de 38 años, de origen búlgaro, que unos días antes había estado en Urgencias en dos ocasiones (con otros datos de filiación), al parecer por ser víctima de una agresión física (recibió puñetazos y golpes con palos de forma generalizada) y fue diagnosticado de diversas contusiones siendo dado de alta con analgesia con paracetamol. El paciente fue traído al Servicio de Urgencias por tercera vez, 6 días después de la agresión física inicial, por imposibilidad para movilizarse. La anamnesis en esta nueva visita a Urgencias era imposible, por inquietud y agitación, además de encontrarnos con dificultades idiomáticas.
La exploración física a su llegada a Urgencias fue: presión arterial 82/61mmHg, frecuencia cardíaca 83 lpm. Se detectaron escoriaciones múltiples fundamentalmente en región frontal, codo derecho y zonas pretibiales, así como hematomas en hemitórax izquierdo y arcos costales laterales 9-12. El resto de la exploración física fue normal.
La analítica a su llegada mostró creatinina 13,6mg/dl, sodio 118mmol/l, potasio 8,1mmol/l, magnesio 3,7mg/dl, glucosa 134mg/dl, creatinfosfocinasa (CPK) 343.115 U/l, troponina T 129pg/ml, amilasa 502 U/l, pH 7,09, bicarbonato 10mmol/l, hematocrito 39,5%, leucocitos 15.760, plaquetas 87.000, estudio de coagulación normal. Sistemático de orina sangre +++; tóxicos en orina: positivo para anfetaminas.
En el electrocardiograma se detectaron signos de hiperpotasemia tóxica (ensanchamiento de complejo QRS, ondas T picudas en todas las derivaciones). Ante la situación de gravedad, por los trastornos electrolíticos con repercusión electrocardiográfica y el fracaso renal agudo, se contactó con el Servicio de Nefrología para iniciar tratamiento sustitutivo renal con hemodiálisis a través de un catéter en vena femoral derecha y, posteriormente, estudiar la etiología del fracaso renal agudo. Una vez que comenzó a dializarse recibimos los resultados del resto de analítica ordinaria: calcio 4,4mg/dl, fósforo 19,2mg/dl, PTHi 619pg/ml, colesterol 244mg/dl, triglicéridos 310mg/dl, GOT 1578 U/l, GPT 1030 U/l, GGT 35 U/l, LDH 11096 U/l, albúmina 3,8g/dl, proteína C reactiva 4,9mg/dl, el estudio inmunológico (ANA, ANCA, inmunoglobulinas, complemento) fue normal. La serología de virus B, C y VIH negativa. Por lo tanto, una vez aclarada la situación de que había existido un trauma previo, junto con los hallazgos analíticos que detectamos, con elevación de CPK y otros enzimas hepáticos, se llegó al diagnóstico de que la insuficiencia renal aguda fue debida a una rabdomiólisis severa de origen traumática. Quizás el consumo de anfetaminas fuera otra causa más de rabdomiólisis en nuestro paciente; sin embargo, no podemos reflejar con exactitud ni la cantidad ni el tiempo de consumo de esta sustancia, ya que el paciente no informó en ningún momento de su consumo y fue al detectar positividad para anfetaminas en el análisis toxicológico de la orina cuando consideramos esta etiología de rabdomiólisis. La evolución posterior de función renal y CPK se presentan en la tabla 2. Un mes después de ingresar, con la mejoría clínica y de función renal, fue dado de alta con una creatinina sérica de 4mg/dl con vistas a un seguimiento en consulta externa, a la cual no acudió por lo que desconocemos la situación final de función renal.
Tabla 2.
Evolución de la función renal y CPK
 15/05/14 16/05/14 17/05/14 19/05/14 21/05/14 23/05/14 28/05/14 31/05/14 04/06/14 09/06/14 11/06/14 
Creatinina (mg/dl) 13,6 9,9 8,1 9,8 10,4 10 10,5 8,7 10,3 6,2 4,1 
CPK (U/l) 343115 164920 71520 9076 1476 412 133 126 122  125 
HD Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí No No No No 
CPK: creatinfosfocinasa; HD: hemodiálisis.
Discusión
La rabdomiólisis es una condición caracterizada por la rotura del músculo esquelético y, como consecuencia de ello, liberación del contenido intracelular a la circulación sistémica (CPK, LDH y transaminasas, entre otros componentes)3. Por ello, suele diagnosticarse por una elevación de niveles de CPK (generalmente 5 veces su nivel normal, aproximadamente 1.000 U/l)4,5. Muchas causas pueden contribuir a su aparición: traumatismos, drogas, fármacos, procesos infecciosos, enfermedades metabólicas y del tejido conectivo, entre otras2,6. En este caso que exponemos, creemos que la causa primaria más probable de la rabdomiólisis fuera la agresión física severa que había recibido el paciente unos días antes (con puñetazos y golpes generalizados), de hecho, la paliza fue el principal motivo por el cual el paciente había acudido a Urgencias en 2 ocasiones previas (y en esas 2 visitas no se constató estado de agitación e inquietud). Y quizás, el consumo de tóxicos (anfetaminas)7,8, pudiera haber contribuido de forma secundaria (en un paciente que ya tenía una destrucción muscular por el traumatismo previo), a agravar el daño muscular.
Como se ha apuntado previamente, muchas causas pueden contribuir a la rabdomiólisis y una ruta patogénica común a todas las causas es la depleción de ATP y secundariamente la disfunción de las bombas que dependen del ATP como son las Na/K-ATPasa y calcio-ATPasa. Como consecuencia de ello, se produce un incremento del calcio libre intracelular que conduce a la destrucción de miocitos. Por la liberación de componentes musculares a la circulación, el exceso de mioglobina produce una obstrucción de los túbulos renales y con ello se produce una insuficiencia renal aguda3.
Para el diagnóstico de la rabdomiólisis se requiere alto grado de sospecha para que esta condición no pase inadvertida, ya que sus complicaciones asociadas (arritmias, alteraciones electrolíticas…) pueden ser letales2. En nuestro caso, el diagnóstico de rabdomiólisis se hizo concomitantemente con la aparición de todas sus complicaciones asociadas severas (insuficiencia renal aguda anúrica, acidosis metabólica, hiperpotasemia, hipocalcemia e hiperfosforemia).
El tiempo de reconocimiento de la rabdomiólisis es la clave para su tratamiento9. En un reciente estudio de revisión sistemática de la literatura, para evaluar las recomendaciones basadas en la evidencia para prevenir la insuficiencia renal aguda asociada a la rabdomiólisis, se concluye que la administración de fluidos intravenosos debería iniciarse lo más pronto posible, preferiblemente en las primeras 6 h del daño muscular y conseguir un volumen urinario en adultos de 300ml/h o más, al menos, en las primeras 24 h10.
Respecto a los factores clínicos que predicen la aparición de insuficiencia renal aguda, en el estudio de Chen et al.11, se sugiere que un valor inicial de mioglobina de 600ng/dl es un predictor de insuficiencia renal aguda. En nuestro caso, dichas medidas preventivas no se habían considerado los días previos en sus visitas a Urgencias (ya que posiblemente se infravaloró el grado de agresión física y, por tanto, no se consideró la posibilidad de una rabdomiólisis). Además, el daño muscular podría haberse agravado posteriormente por el consumo de tóxicos (anfetaminas), unido a la ausencia de una recomendación de una hidratación adecuada.
En conclusión, en pacientes con cualquier grado de daño muscular no deberíamos de obviar la posibilidad de una rabdomiólisis, puesto que su conocimiento e instauración precoz de medidas terapéuticas podrían ser de utilidad para evitar la aparición de complicaciones graves asociadas, como las que presentamos en este caso.
Responsabilidades éticasProtección de personas y animales
Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad de los datos
Los autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Derecho a la privacidad y consentimiento informado
Los autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Financiación
No existe.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses..

Intoxicacion por anfetaminas


Experiencia en el controlantidoping por anfetaminas

Intoxicación por acetaminofen

REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
Intoxicación por acetaminofén en adultos
María Paula Vargas Castro 1  

Med. leg. Costa Rica vol.33 n.1 Heredia Jan./Mar. 2016

1Médico General. Correo electrónico: marivargas29@gmail.com
El acetaminofén se ha convertido en el analgésico más ampliamente disponible alrededor del mundo. Aunque se considera muy seguro a dosis terapéuticas, la sobredosis puede conducir a necrosis hepática y es una de las causas principales de insuficiencia hepática aguda. La hepatitis inducida por acetaminofén es de inicio agudo, rápidamente progresiva y se caracteriza por una marcada elevación de las transaminasas. Las manifestaciones iniciales pueden ser leves e inespecíficas, por lo tanto, la medición de la concentración sérica del fármaco es crítica cuando existe sospecha de sobredosis. El nivel debe ser evaluado de acuerdo según el nomograma
modificado de Rumack-Matthew para determinar el uso de la N-acetilcisteína (NAC), un antídoto eficaz si se utiliza con prontitud.
Este artículo proporciona una visión general de la fisiopatología, la presentación, el diagnóstico y presenta las opciones terapéuticas actuales disponibles para tratar esta condición.
Palabras-clave: Intoxicación con acetaminofén; N-acetilcisteína; nomograma de Rumack Matthew; hepatotoxicidad
Acetaminophen has become the most widely available analgesic around the world. Although it's considered remarkably safe at therapeutic doses, its overdose can lead to hepatic necrosis and its one of the principal causes of acute liver failure. Acetaminophen-induced hepatitis is acute in onset, progresses rapidly and is characterized by a marked elevation in aminotransferases. Initial manifestations may be mild and nonspecific, thus, measurement of serum acetaminophen concentration is critical when an overdose is suspected. The level should be evaluated according to the modified Rumack-Matthew nomogram to determine the use of N-acetylcystein (NAC), an effective antidote if used promptly.
This article provides an overview of the pathophysiology, presentation, diagnosis of acetaminophen poisoning and presents the actual therapeutic options available to treat this condition.
Key words: Acetaminophen overdose; N-acetylcysteine; Rumack-Matthew nomogram; Hepatotoxicity
INTRODUCCIÓN
La acetaminofén se ha convertido en el analgésico y antipirético más utilizado alrededor del mundo. Se comercializa libremente sin necesidad de prescripción médica. Desde su introducción al mercado en 1955, forma parte de gran cantidad de formulaciones y tiene diversas presentaciones. Aunque su ventana terapéutica es bastante amplia, lo que lo califica como un fármaco seguro, la sobredosis es un evento común y se ha demostrado que conduce a necrosis hepática que puede ser fatal. Se sospecha que esto se da con mayor frecuencia con dosis repetidas que con una dosis única y se observa que existen ciertos factores que predisponen a la injuria en el hepatocito. Las manifestaciones clínicas constan de ciertas etapas según el momento de la presentación. Un diagnóstico y tratamiento oportuno modifica favorablemente el pronóstico en la mayoría de los casos.
Epidemiología
Por su amplia disponibilidad, las personas en general subestiman la toxicidad de la acetaminofén. Esto ocurre en gran parte por una incomprensión en la dosis terapéutica o porque no se reconoce que este fármaco viene en conjunto con otras formulaciones. La toxicidad afecta con mayor proporción a pacientes de mediana edad y es mas frecuente en mujeres (3:2). La sobredosis por acetaminofén es la causa principal de insuficiencia hepática aguda.1 En una revisión retrospectiva sobre los casos de intoxicación por acetaminofén realizada por 10 años en Canadá se obtuvo que de 1543 pacientes, un 4.5% desarrollaron hepatoxicidad y que 15 pacientes murieron durante la admisión. Se observó además que factores de riesgo para la toxicidad incluye la sobredosis no intencional, el abuso del alcohol y la enfermedad hepática subyacente.2
Farmacología
El acetaminofén es un metabolito activo de la fenacetina, analgésico derivado de la anilina. Comprende efectos analgésicos y antipiréticos, sin embargo, su mecanismo de acción no esta completamente definido. Presenta una acción antiinflamatoria débil y no interactúa en la activación de los neutrófilos. Se absorbe rápidamente en el tracto digestivo y alcanza su concentración máxima en 1 a 2 horas posterior a su administración. Tiene una vida media de 2 horas y se distribuye uniformemente en los líquidos corporales.3 La dosis terapéutica es de 10 a 15 mg/kg por dosis en niños y de 325 a 1000 mg en adultos. Se administra cada 4-6 horas con una dosis máxima recomendada de 80 mg/kg en niños y 4 g en adultos.6 La dosis tóxica varia en cada individuo y se basa en los niveles basales de glutatión y en otros factores como: la ingestión crónica de alcohol, el uso concomitante de fármacos como anticonvulsivantes, drogas antituberculosas, la malnutrición, algunos polimorfismos genéticos, los ancianos y los niños pequeños son grupos que por lo general, son mas susceptibles a la sobredosis.4
Toxicidad bioquímica
A dosis terapéuticas, de un 85-90% del acetaminofén se metaboliza en el hígado por medio de la fase II de conjugación a metabolitos glucoronidados y sulfatados los cuales se excretaran por la orina. El resto del fármaco se metaboliza vía fase I de oxidación a su intermediario tóxico y reactivo, N-acetil p-benzoquinoneimina (NAPQI) por medio del citocromo p450, siendo el citocromo CYP2E1 la principal enzima responsable del proceso.5 Este intermediario interacciona con los grupos sulfidrilos del glutation formando cisteína no tóxica y metabolitos de mercapturato que se excretan vía renal6 , 7A dosis supraterapéuticas del fármaco, las vías de sulfatación y glucoronización se saturan y mas acetaminofén se metaboliza vía NAPQ1. Cuando se depletan las reservas del glutatión en un 70 a 80%, el NAPQI reacciona con los hepatocitos y se une covalentemente a los grupos de cisteína produciendo lesión celular.8 Este proceso es irreversible y conlleva a injuria oxidativa. La región más susceptible es la Zona 3 de Rappaport, rica en CYP2E1, esto resulta en un patrón de necrosis centrolobulillar característico.9 , 10Aparentemente la peroxidación lipídica y la disfunción mitocondrial juega un rol en la progresión de la injuria celular. Además, la liberación de citoquinas, como respuesta inflamatoria secundaria, inducen la formación de especies reactivas de oxígeno y nitrógeno y extienden la lesión del hepatocito.11
Manifestaciones clínicas
La toxicidad por acetaminofén suele dividirse en 4 etapas:
Fase I. Durante las primeras 24 horas el paciente manifiesta síntomas inespecíficos como malestar general, palidez, letargia, náuseas, vómitos y diaforesis. Algunos se encuentran asintomáticos. En esta etapa, los laboratorios no presentan alteraciones.
FASE II. Entre las 24 y 72 horas post-ingestión, merman los síntomas de la fase I e inicia el dolor en hipocondrio derecho y puede existir hepatomegalia. Comienza la elevación de las transaminasas hepáticas a las 24 horas y todos presentan elevaciones a las 36 horas. Puede elevarse la bilirrubina total y alargarse el tiempo de protrombina, además se pueden observar anormalidades en la función renal.
Fase II. Alrededor de las 72 a 96 horas, las anormalidades en la función hepática llegan al pico máximo. Los síntomas de la fase I reaparecen y asocian ictericia, encefalopatía y diátesis hemorrágica. Ocurre una marcada elevación de las transaminasas pudiendo mostrar valores hasta de 30.000 UI/L además de hiperamonemia, prolongación de PT y del INR, hipoglicemia, acidosis láctica y una concentración total de la bilirrubina mayor a 4 con predominio de la indirecta. En esta etapa se produce el mayor daño hepático.
Esta entidad es potencialmente reversible. Sin embargo, la mayoría de las muertes ocurren en esta fase por disfunción multiorgánica.
Fase IV. Los pacientes que sobreviven hasta este período inician la fase de recuperación clínica que inicia en el día 4 y se completa al 7mo día posterior a la intoxicación. El proceso se puede prolongar por tres semanas o más. Se pueden observar cambios histológicos que varían desde citólisis a necrosis centrolobulillar.
La recuperación histológica puede tomar hasta tres meses. La insuficiencia hepática crónica no es una secuela de intoxicación por acetaminofén.12 , 13
La incidencia de la disfunción renal está relacionada con la gravedad de la intoxicación. La injuria renal aguda se debe principalmente a necrosis tubular aguda y se manifiesta por elevaciones de nitrógeno ureico y creatinina junto con proteinuria, hematuria y cilindros granulares epiteliales. La función renal espontáneamente se resuelve en un plazo de una a cuatro semanas, aunque la diálisis puede ser necesaria durante el episodio agudo. Actualmente, no hay evidencia de que la N-acetilcisteína tenga un efecto nefroprotector.14
Diagnóstico
Todo paciente con sospecha de sobredosis de acetaminofén, se debe obtener una historia clínica detallada donde se evalúe: la dosis ingerida, la intención de su uso, ingestión única o repetida, la hora de su administración, presencia de otros fármacos y condiciones comórbidas que pueden predisponer a la hepatoxicidad. Aquellos con una toxicidad establecida o que según la historia y concentración sérica basal son candidatos a desarrollar hepatotoxicidad, se deben realizar pruebas adicionales de laboratorio incluyendo electrolitos, BUN y creatinina, el nivel de bilirrubina sérica total, tiempo de protrombina INR, AST, ALT, amilasa y análisis de orina. Se debe realizar un diagnóstico diferencial con otras causas de injuria hepática como las hepatitis virales, la hepatitis alcohólica, síndrome de Reye y otros hepatotóxicos.
Existe una relación directa entre la concentración plasmática de acetaminofén y el desarrollo de hepatotoxicidad. La concentración sérica debe ser evaluada 4 horas posterior a la ingesta y contemplada en el nomograma de Rumack- Matthews modificado (fig.1) que sirve como parámetro para determinar la necesidad de N-acetilcisteína (NAC).15
Utilizando este enfoque, pacientes con concentraciones séricas sobre la línea que conecta los 150 mcg/mL a las 4 horas y 18.8 mcg/mL a las 16 horas se consideran que están en un riesgo posible de hepatoxicidad y que se debe iniciar el tratamiento estándar con NAC. La línea de tratamiento de este nuevo nomograma es un 25% menor que el original. Esto ha permitido la protección hepática a sujetos susceptibles por factores ya antes descritos.1
Existe un riesgo aumentado a la injuria hepática si se presenta alguno de los siguientes hallazgos:
Ingestión de 7.5 a 10 g o mas de acetaminofén en 24 horas o ingestión de mas de 4 g en 24 horas y una mayor susceptibilidad a la toxicidad (consumo crónico de alcohol, ayuno, uso de fármacos que inducen el CYP450)
• Dolor en cuadrante superior derecho o ictericia.
• Concentraciones supraterapéuticas de acetaminofén (mayores a 20 mcg/mL).
Figura 1: Nomograma de Rumack-Matthews modificado ( 15
Tratamiento
Como cualquier intoxicación, se deben establecer todas las medidas generales con el algoritmo del ABCDE. El manejo se determina por la presentación inicial del paciente. La mayoría de los individuos tienen síntomas leves o están asintomáticos en las primeras 24 horas. Es importante añadir que no existen síntomas específicos que permitan predecir la toxicidad de la acetaminofén.
Razón por la cual es importante trazar las concentraciones séricas en el grafico antes descrito si existe sospecha.
Pacientes que se presentan rápidamente posterior a la ingestión (antes de 4 horas) se recomienda la recontaminación gastrointestinal utilizando carbón activado a 1g/kg (máximo 50g) ya que limita la absorción del fármaco.16
N-acetilcisteina
El NAC es el antídoto por excelencia de la intoxicación por acetaminofén y se debe otorgar a todo paciente en riesgo de hepatoxicidad. La N-acetilcisteína previene la hepatoxicidad restaurando las reservas hepáticas de glutatión. La clave para la efectividad del tratamiento es iniciarlo en las primeras 8 horas de la ingestión aguda.17- 18
Actualmente se utilizan dos tipos de protocolos: el de 20 horas vía intravenosa y el de 70 horas vía oral y existen debates que discuten la vía mas apropiada.19 , 20La vía IV se favorece en pacientes que se presentan con: emesis, contraindicaciones para la administración oral y/o fallo hepático. Los protocolos en Estados Unidos se calculan basándose en el peso del paciente. Un 10-20% pueden presentar una reacción de hipersensibilidad al utilizarse la vía IV, por lo tanto estos pacientes requieren un monitoreo estricto.21 Un 33% de pacientes con NAC oral desarrollan nauseas y vómitos y si esto ocurre, se deben repetir la dosis, por esta razón se recomienda considerar la administración conjunta de un antiemético.22 Muchos autores indican que la duración del tratamiento debe ser individualizada. Se recomienda revalorar las enzimas hepáticas y la concentración sérica de la acetaminofén a las 18 horas de haber iniciado el antídoto. Si están alterados, se debe continuar el tratamiento y revalorar nuevamente a las 12 horas. Si el ALT continua elevado, valorar el INR también. Cuando el ALT este claramente disminuyendo o la concentración sérica de la acetaminofén sea indetectable o que el INR sea menor a dos, el tratamiento se puede suspender. Si el paciente desarrolla un ALT mayor de 1000, coagulopatía o encefalopatía, se debe medir la concentración de bicarbonato, creatinina y glucosa cada 12 horas y se debe trasladar el paciente a una unidad de cuidados intensivos para un monitoreo aun más estricto. El transplante hepático y los dispositivos de soporte hepático transitorio son una opción terapéutica para algunos pacientes seleccionados.23 , 24
Pronóstico
Algunos estudios han mostrado que en los casos de hepatotoxicidad por acetaminofén, algunas variables de laboratorio pueden predecir el pronóstico en estos pacientes: si tienen un INR > 6,5 (o tiempo de protombina > 1,8 veces del control), creatinina sérica mayor a 3,3 mg/dl, acidosis metabólica importante (pH< 7,3) ó encefalopatía grado III o IV (King's College Criteria), el pronóstico es desfavorable.25 La morbilidad aumenta proporcionalmente con el tiempo que transcurre para la administración de la N-acetilcisteína. Si el tratamiento se inicia en las primeras ocho horas, el desarrollo de hepatotoxicidad es extremadamente raro (<5%); si se inicia en las primeras 16 a 24 horas, la toxicidad se presenta en aproximadamente el 41% de los casos.1
CONCLUSIÓN
La acetaminofén es uno de los fármacos más utilizados alrededor del mundo y a pesar de contar con un prospecto seguro, no es inocuo. Las intoxicaciones por este se han ido incrementando en todo grupo etario. Por esta razón, es de vital importancia educar a la población sobre las precauciones en cuanto al uso de este medicamento ya que este se ha observado que se ingiere frecuentemente sin considerar los efectos adversos con dosis supraterapéuticas.
La toxicidad de la acetaminofén radica en la injuria hepática que puede producir y estudios demuestran que es la causa principal de insuficiencia hepática aguda en países desarrollados. Las complicaciones pueden ser fatales y un diagnóstico oportuno para iniciar el tratamiento y una institución pronta del NAC es esencial para un pronóstico favorable. Los objetivos para el futuro se centran en disminuir la cantidad de casos, difundir la educación necesaria para un correcto uso del fármaco, identificar a los pacientes en riesgo y optimizar el tratamiento disponible.